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Si no me quieres ver, te obligaré a tocarme. - Priv. Eva Paradise - (+18)

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Si no me quieres ver, te obligaré a tocarme. - Priv. Eva Paradise - (+18)

Mensaje por Donovan Lynch el Vie Nov 25, 2016 9:16 pm

Agnosco veteris vestigia flammae…


7:20 P.m. - Despacho del subdirector.


La tarde seguía su curso con normalidad, por la ventana se veían las extensiones de verdes jardines que rodeaban el edificio a pesar de la sombra que se cernía sobre ellas provocado por la posición solar; La música sonaba en el despacho retumbando en las paredes la voz del tenor, seguro que el volumen era excesivo para a lo mejor un animalia o tal vez para Eva. Me apostaría el brazo que ella si estaba en su despacho sentiría las vibraciones a pesar de no escuchar la voz o la melodía, no obstante eso era lo que buscaba, que lo escuchase, su cabreo y su rápida aparición en la sala tratando de echarme uno de sus discursos; Estaba aburrido, que se le va a hacer.
La agradable melodía transportaba mi presencia a tiempos que creía olvidados tan sólo por el tiempo que hacía que no los recordaba; A su vez, la voz del tenor Luciano Pavarotti, que siempre había sido una de las voces que más me gustaban por su facilidad de hacerte sentir en el escenario que él interpretaba, me hacía sentir como un niño imaginando cosas que pudieron suceder en ese pasado del que recordaba cosas vagas, todo un artista la verdad. Con todo esto aún tenía la capacidad de hacer otras cosas como revisar informes que esa misma mañana habían llegado, parecía que a pesar de tener en lista a varias fraternidades conflictivas el vandalismo no sobrepasaba nunca la mitad esperada, era una suerte para ellos que estaba trabajando en cosas más importantes; De lo contrario era muy probable que alguno sufriera las consecuencias de tratar con el subdirector más peligroso que Paradise conoció jamás. Recliné el reconfortante sillón de escritorio que había comprado por necesidad de mayor comodidad optando por dejar dispersos los papeles sobre la mesa, no decían nada interesante, lo de siempre, pintadas, algún que otro desperfecto en los baños, fotos de los mismos y el valor calculado del costo de su arreglo. Lo dicho, lo de siempre.
Empezaba a pensar en salir a dar un paseo para entretenerme o a lo mejor montar un rato a caballo pero en cuanto pensaba en tener que levantarme se pasaban todas las ganas de golpe, no era ideas firmes a las que agarrarme. Sin más entoné un trozo de la canción que sonaba, por suerte el canto se me daba bien; No rompería los tímpanos de nadie si cantaba aunque pensándolo bien sería digna escena de ver.
- Ridi, Pagliaccio, sul tuo amore infranto. Ridi del duol che t'avvelena il cor… -
Siguiendo la letra de la canción levanté los brazos a la altura de la cara meciéndolos a los lados en lentos y compasados movimientos tarareando la melodía hasta que al cerrar los ojos se me ocurrió la idea perfecta para que Eva acabara por venir irritada al despacho dado que aun no parecía ser suficiente molesto para ella; Si algo conocía bien de ella era que yo era el único de todo Paradise que conseguía cabrearla hasta el extremo de parecer un gato acorralado que sacaría las uñas para usar contra ti.
- Veamos que tengo por aquí. -
Con la mano sobre el ratón giré la cara buscando con la vista entre todo lo que tenía en el ordenador una carpeta de nombre ‘’especial‘’, en ella tenía algunos temas que escuchaba en momentos donde buscaba tan solo hacer bastante ruido. En ocasiones tal cantidad de ruido me desconcentraba de ideas que surgían por delante de los ojos como una escena físicas o peor aún, escenas que quería probar por encima de todo. Esto era lo único que marcaba la diferencia entre no hacer nada y hacer en muchas ocasiones algo que catalogarían de locura.
- Aquí estás. -
Clicando sobre el icono del mp3 la música comenzó a sonar, de nuevo el retumbante sonido haciendo vibrar las paredes del despacho, hasta los cristales amenazaban con romperse con las continuas vibraciones producidas por los altavoces. Curvando los labios en una sonrisa extraña por la mezcla entre pícara y malévola levanté el peso del cuerpo sobre los pies incorporandome; La música ya sonaba, lo siguiente era preparar el terreno. Unas velas que tenía en el cajón del escritorio puestas tan sólo para usar las noches en las que me encerraba en el despacho a pasar el rato serían más que suficientes, digamos que en vez de usar las luces, usaba velas para pasar desapercibido y hoy me harían falta; Una en cada estante, otras cuantas haciendo un amplio círculo en el centro de la sala, alguna que otra por el escritorio y otras tantas frente a la puerta.
Lo siguiente fue volver hasta la ventana bajando la persiana hasta que la oscuridad inundó por completo la sala quedando tan solo la luz tintineante de esas velas que iba encendiendo habilidósamente en la completa oscuridad, el escenario se transformaba con tan sólo cosas que poco o nada levantaban el interés de los demás.
- Bien ahora solo me falta… -
Sin terminar la frase busqué el maletín depositado al costado del escritorio, dentro tenía varias cosas interesantes que probar con Eva esa tarde especial. Nada más abrirlo se veían varios botes pequeños cuidadosamente colocados y preservados; se trataban de cosechas propias hechas en el tiempo libre del que disfrutaba. Pasando el dedo observaba las etiquetas que tenían hasta que encontré la que buscaba, una con letras rojas en mayúsculas. Recogí el seleccionado y una jeringuilla que estaba en el centro del maletín llenando esta última del líquido que portaba el bote.
Ya estaba todo listo, música, velas, oscuridad, jeringuilla con en afrodisíaco de efecto rápido y ahora sólo faltaba ella. Sigiloso como un depredador que acecha a su presa caminé hasta colocar el cuerpo detrás de la puerta; En silencio perpetuo apoyaba la espalda contra la pared mientras a su vez escondía con disimulo la jeringuilla dentro del bolsillo de ese abrigo negro que cubría tan bien los movimientos.
Sólo había que dar comienzo al show faltaba la estrella. En cuanto entrase sería la presa de un demonio sediento en todos los sentidos y también con ganas de dar rienda suelta a esa cabeza demente.
- Uno… Dos… Tres… -
Conocía de sobra a la directora y por lo mismo supe que en cualquier momento entraría echa una furia por el despacho. Cuando eso sucediera la puerta se cerraría con llave, su cuerpo sería asediado por unas manos firmes y el resto sería sobre la marcha o sobre lo que se me ocurriese en el momento.




Última edición por Donovan Lynch el Sáb Abr 08, 2017 7:02 am, editado 1 vez


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Re: Si no me quieres ver, te obligaré a tocarme. - Priv. Eva Paradise - (+18)

Mensaje por Eva Paradise el Jue Dic 01, 2016 6:03 pm



— Si no me quieres ver, te obligaré a tocarme...
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Todos los días se sucedían de la misma forma, desde que había asumido la dirección del instituto completo las cosas no habían sido las mismas para ella. Su vida se basaba en atender los intereses del negocio familiar, uno bastante particular pues daba un trabajo agotador donde a duras penas lograba ir a descansar por un par de horas. Por momentos recordaba la vida llena de excesos y locuras que había tenido en el pasado y no podía evitar pensar que aquello era solo un sueño, algo que sucedió mientras aún no contaba con una consciencia y es que en aquel momento era una persona distinta. Por supuesto que no todo había sido malo para ella, por supuesto que no, existían cosas que atesoraba de aquel entonces como aquella relación fugaz con el que ahora era su mano derecha en la dirección del instituto, claro que jamás diría aquello o permitiría que el pelinegro supiera lo mucho que atesoraba aquellos recuerdos.

 Desafortunadamente la vida da muchas vueltas, por aquel entonces eran solo dos adolescentes enamorados que pensaban que podrían luchar contra viento y marea para estar juntos, que ilusos pueden ser los jóvenes. La vida nunca es tan sencilla, mucho menos cuando provienes de una familia donde se te prohíbe pensar con el corazón. Las razones por las cuales había abandonado a Donovan en aquel entonces se las había reservado para sí misma, por supuesto que gracias a eso se había ganado el odio del demonio que hasta el día de hoy demostraba abiertamente su desprecio, el deseo sin embargo era otro asunto totalmente distinto, por momentos era fácil pensar que terminarían de vuelta en la cama pero su fuerza de voluntad había impedido que algo así ocurriera.

Cuando terminó de divagar en sus pensamientos escuchó la estridente música, esta provenía de la oficina del pelinegro. Como de costumbre aquel hombre tenía la tendencia de encontrar la forma, fuera cual fuera, de molestarle. Podía jurar que lo hacía a propósito solo para verle la cara pues a la larga terminaba visitando la oficina de Don para reclamarle — Algunas cosas nunca cambian… — se retiró las gafas para lectura dejándolas sobre los papeles que estaba revisando. Sin darse cuenta se había pasado toda la tarde al pendiente de los documentos varios que debía poner al día, la noche caía y el despacho se encontraba tenuemente iluminado. Debido al constante retumbar de la música en el despacho contiguo terminó por levantarse de su asiento, rodeando el escritorio mientras arreglaba las mangas de la blusa blanca que llevaba puesta, como siempre contaba con una vestimenta formal esta consistía en una falda de tubo negra, blusa blanca, pantimedias negras y tacones a juego, el atuendo típico de una mujer de negocios o ejecutiva. Salió de la habitación en dirección al despacho del pelinegro, su ceño se mostraba fruncido pues la molestia era más que evidente.

Los últimos días habían sido una constante discusión con Donovan y no tenía pinta de que mejorara, este sería otro de esos días o al menos eso pensaba. Llevó su diestra al pomo de la puerta y lo giró, abriéndola para notar la oscuridad en el despacho, mala señal, además de esto se encontraban algunas velas encendidas — ¿Donovan? — cuestionó dando un par de pasos sin alejarse de la puerta, al no recibir respuesta inquirió una vez más — ¿Don?... ¿qué demonios estás haciendo ahora?... — murmuró lo último y finalmente daba dos pasos adentrándose en aquel despacho poco iluminado, tenía la sensación de que iba a comenzar otro de sus juegos, uno que no terminaría agradándole…



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Re: Si no me quieres ver, te obligaré a tocarme. - Priv. Eva Paradise - (+18)

Mensaje por Donovan Lynch el Lun Dic 19, 2016 8:50 pm

Predecible hasta el final, Eva entró por el despacho nuevamente para echar una de sus broncas aburridas y repetitivas, lo que no esperó es que en esa ocasión especial caería en una trampa digna de una inteligente araña. Cerrando la puerta con un fuerte golpe le llamé la atención, estaba justo detrás de ella viéndola con descaro y fiereza en los ojos, me iba a divertir mucho con ella, diría que hasta demasiado, sería una suerte que ella no me echase después de lo que planeaba hacer con su cuerpo.
- ¿Haciendo? Sólo escucho música, ¿Qué tiene de malo? -
Comenté cerrando con la llave la puerta, el click metálico de la cerradura confirmó que así era por lo tanto lo siguiente fue sacar la llave de su cerradura escondiéndola dentro de uno de los bolsillos delanteros del pantalón. El imaginarme todo lo que le haría provocaba un continuo cosquilleo por la columna vertebral que llegaba hasta la yema de los dedos, me sentía como un animal salvaje en medio de una impaciente cacería.
- Eva, ¿Qué es lo que me ibas a decir esta vez? ¿Que soy idiota? ¿Que me pudra? ¿Muera? ¿Vienes a charlar? ¿Vas a darme un plus por el buen trabajo? ¿No? ¿Entonces qué es lo que trae a una zorra pelirosa como tu por aquí? Dudo que vengas a decirme algo interesante pero no te preocupes, yo tengo mucho que hablar contigo. -
Un paso tras otro me fui acercando a ella, el cuerpo al completo se movía con la elegancia de un felino mientras que sin apartar la vista la mantenía en el punto de mira. Justo cuando el duro torso golpeo en seco por el empujón dado desde la espalda contraria con la mano propia, los labios robaron un húmedo beso de aquellos carnosos labios de mujer que una vez tanto caté; esto no era sino una manipulación estudiada y es que mientras la lengua escurridiza, caliente y húmeda se colaba en la cavidad bucal de la mujer de mal carácter, la otra mano se encargó de hundir sin prisa pero sin pausa la aguja en el delicado y suave cuello que ella tan bien lucía.
- Mmmmm… -
El sabor adulzado que robaba en el frote con la lengua contraria me invitaba claramente a seguir pero al contrario retiré la aguja del cuello y a su vez los labios de los acaramelados, dulces y deseables labios de la súcubo.
- Lo siento, te he inyectado una alta dosis de afrodisíaco, se me escapó el dedo. -
Le cogí la mano derecha depositando en ella la jeringuilla vacía y después le guié el ojo con ese aire orgulloso y altanera que lucía en el porte. No tardaría mucho en hacer efecto el líquido inyectado, hasta que eso pasase me distraería colocando el material a usar en ella. De camino al otro lado del escritorio abrí uno de esos cajones sacando un pequeño estuche metálico en el cual un bisturí descansaba, probaría por primera vez una teoría en base al comportamiento de unos cuantos alumnos.
El estudio, si lo podía llamar así, consistía en herir y golpear ciertos puntos del cuerpo y catalogar todas y cada una de las reacciones visuales en respuesta a estos ‘’estímulos‘’; por lo que vi a algunos no les dolían ciertas cosas y es que al parecer el afrodisíaco, la excitación y algún que otro factor externo como la estimulación transformaba el dolor en placer. Una interesante teoría aunque que mejor que probarla en aquel objeto de mi deseo y odio por igual, la mujer que no encontré a la vuelta del viaje esperado y necesitado para ser alguien mucho más fuerte que la protegiera. Duro en demasía ya había sido encontrarla con otros hombres coqueteando y jugando aunque que mejor venganza que la frialdad de la que disponía y tomar el lugar de sub-director que le hiciera la vida imposible de continuo. Es cierto, no me arrepiento y jamás lo haré de tomar el puesto por joderla pero no era suficiente ni jamás lo sería.
- Eva Paradise, ¿Cómo te sientes? ¿Te flojean las piernas? ¿Sudas? ¿Sientes que la ropa rozándote la sensible piel te provoca un placer exagerado? ¿Notas que tu lado de súcubo despierta? ¿Me enseñarás esas alas, esos colmillos, esa cola y esos cuernos que posees? No te reprimas fierecilla, esto aún está por comenzar. -
Dejando el estuche metálico abierto sobre la mesa caminé de vuelta hasta el lugar donde ella quedó agarrándola ahora con firmeza de la cadera obligando que girase en círculos conmigo, estaba como poco divertido, disfrutaba de la situación, no encontraba nada mejor con lo que deleitarme ese día, estaba todo lo que necesitaba en la sala y lo mejor de todo, sin escapatoria; en la última vuelta rápida la solté dejando que el propio impulso del giro la hiciera caer contra la mesa y si tenía suerte la dejaría tirada encima, estaba disfrutando al máximo.
Como si de un acto reflejo se tratase cerré los ojos, subiendo el dedo corazón al labio inferior pasándolo por el mismo deformándolo a su paso antes de ser introducido en el interior de la boca y posteriormente mordido con ansia, no soportaba tener que aguantar el impulso irrefrenable de abalanzarme sobre su cuerpo y hacerle de todo, de nada más imaginarlo me excitaba y en consecuencia el dedo era mordido, además del obvio y ligero bulto en el pantalón que se iba creando.
- No sabes cuanto he esperado por esto Eva, no sabes cuantas ganas tengo de devorar tu carne y esta vez no te vas a escapar de mis fauces, lo prometo. -
El tono de aquellos ojos azules se transforma en un profundo y oscuro color rojo cual sangre, acompañando a esto una agitada respiración entrecortada por ligeros gruñidos apenas audibles por la música indicaban la señal de que la bestia estaba libre. Con ligeros movimientos de los brazos deslicé la chaqueta por los brazos dejándola caer contra el suelo; todo esto sin apartar la vista de esa presa de tan buen aspecto. De siguiente con la mano derecha soltaba los primeros botones de la clara camisa caminando hacia ella con esa sensual elegancia de la que a veces hacía gala.
- La cena está servida… -
Con un ágil salto me coloqué sobre la mesa, una pierna a cada lado del cuerpo estirado de la mujer descansaban imponiendo la posición en cuanto a dominación y sumisión se trataba; mirando hacia abajo una mueca que tal vez quería ser una sonrisa dibujada en los labios, Dios, cuantos escalofríos corrían en los largos centímetros de la piel por sólo verla en esa posición, indefensa, sola, a mi merced, ah… Estaba en el paraíso.
Dejando caer de golpe el peso en las rodillas me acomodé cerca de su cara, con una mano apagué la música y con la otra agarré un mechón de esos cabellos que otras veces en el pasado sostuve y olí. No esperaría a que ella se revelase, yo la haría revelarse.
- Esta noche no te podrás librar de mi fácilmente. -
Inclinando la cabeza hasta alcanzar el delicado cuello restregaba la lengua por el largo del mismo sintiendo su delicado tacto, su aroma inconfundible y el palpitar de esas venas que recorrían la frágil yugular. Encargándose del cuerpo la mano recorría desde la cadera camino al costado subiendo torpemente y sin intención parte de la vestimenta que la ocultaba de mi, no tenía prisa, quería disfrutar cada segundo de su respiración, de sus protestas, de sus movimientos, ella me enloquecía sin remedio aunque yo no se lo fuera a decir. Por guinda en el pastel perdí el control sobre las propias fauces propinando un certero y duro mordisco en la clavícula, hundiendo con poca profundidad los afilados colmillos en ella luchaba contra el propio impulso de tirar y arrancar el pedazo de carne atrapada entre los dientes y mientras tanto la sangre brotaba de la herida incitando a que los gruñidos se hicieran presentes con mayor intensidad. Enloquecía de verdad como el sádico desquiciado que ocultaba ser.


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Re: Si no me quieres ver, te obligaré a tocarme. - Priv. Eva Paradise - (+18)

Mensaje por Eva Paradise el Dom Ene 22, 2017 11:05 am



En muchas oportunidades había tenido que lidiar con las distintas trampas que Donovan se tomaba la molestia de armar tan solo para molestar, por lo general eran tonterías que lograban cabrearle, al final Don tenía esa capacidad impresionante para hacer que se tomara las cosas muy en serio y le molestara fácilmente, con los demás mostraba tener mucha paciencia pero tratándose de él… las cosas eran muy distintas.

Tras dar un respingo la pelirosa se detuvo desplazando su mirada alrededor del despacho, allí aparecía Donovan y su lengua mordaz, tenía esa manía de insultarle de tanto en tanto y aunque en el fondo fuera doloroso lo cierto es que por fuera la directora no demostraba sentimiento alguno ante esos constantes ataques que recibía — Basta Don… no tengo ánimos esta noche — murmuró en vano pues para su sorpresa terminaba siendo presa de aquellos labios. En el shock inicial su mente quedó totalmente en blanco pero fue cuestión de segundos para que disfrutara de aquellos carnosos labios, del jugueteo entre ambas lenguas y recordara lo que había sido disfrutar de todo eso a su lado, sin embargo el pinchazo en su cuello bastaba para despertarle de aquel ensueño, había caído en una de las trampas y como siempre Donovan aprovechaba de utilizar esas drogas que tanto le gustaban.

Dando traspiés la súcubo se separó rápidamente, lo suficiente para lanzar la jeringuilla al suelo y apoyar su diestra del escritorio mientras apoyaba su peso contra el borde de dicho mueble, su otra mano fue a parar al cuello tanteando donde había insertado la aguja — Maldición Don, nunca acaban tus juegos… ¿hasta cuándo seguirás en lo mismo? — cuestionó claramente irritada. Donovan era un experto en el uso de fármacos y no era nada extraño que el afrodisíaco que utilizara fuera lo suficientemente potente como para afectar el juicio de una súcubo, de allí que la sensación de calor invadiera el cuerpo en poco tiempo. La respiración se tornaba agitada, la incomodidad que sentía al portar ropa era insoportable y lo más notable e incómodo eran los deseos de pedirle, no, rogarle que le tomara allí mismo sin freno. Había alcanzado a abrazarse a sí misma antes de que le tomara y comenzara con ese absurdo baile en el que terminaba sobre la mesa — Si lo que querías era sexo solo tenías que pedírmelo — bromeó, iba a perder la noción gracias al afrodisíaco pero su autocontrol era mucho más fuerte que eso, no se dejaría llevar tan fácil.

Sobre la mesa la pelirosa jadeaba por lo bajo, tan pronto su cuerpo temblaba con suavidad cerraba los ojos con fuerza pasando sus manos por el borde de la mesa sujetándose como si esto de alguna forma le ayudara a mantener el control sobre sus impulsos. Tan pronto el cuerpo masculino terminaba sobre sí abría los ojos, se encontraba con aquellos orbes carmín y comprendía que tanto deseo invadía a su antiguo amado, una sonrisa se dibujó en el rostro de la súcubo — ¿Tanto me deseas que pierdes la cabeza Don? — cuestionó, sus orbes aguamarina pasaban a brillar de la misma forma en que sucedía cuando necesitaba alimentarse. Para cuando se sucedían las caricias y la cercanía entre ambos era tal que podía escuchar su respiración, un suave jadeo escapó de sus labios y a este le sucedió un quejido, la mordida le tomó por sorpresa y aunque se encontrara muy excitada podía percibir claramente el dolor — Tsk… eres un maldito demonio Don… — murmuró, sus manos iban a parar al pecho contrario empujando lo suficiente para que saliera de aquel trance y le liberara de sus fauces, veía la sangre derramada en los labios ajenos y fruncía el ceño — ¿Te has vuelto loco?, mi sangre también es un afrodisíaco, ¿acaso lo olvidaste? — entre jadeos la pelirosa buscaba hacerle frente y sobre todo hacerle salir de ese trance en el que se encontraba, además intentaba mantener su mente clara para escaparse tan pronto tuviera la oportunidad.



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Re: Si no me quieres ver, te obligaré a tocarme. - Priv. Eva Paradise - (+18)

Mensaje por Donovan Lynch el Sáb Abr 08, 2017 8:21 am



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